Hoy, amigo Ham, me viene a la mente aquella petición, u oración, que no recuerdo a quién se le atribuye, y que, más o menos, dice lo siguiente: Ruego que, a lo largo de mi vida, se me conceda tener la serenidad para soportar, o aceptar, lo que no puedo cambiar, el valor y la entereza para cambiar lo que sí puedo cambiar y la sabiduría para distinguir entre ambas situaciones.
martes, 16 de diciembre de 2014
viernes, 21 de marzo de 2014
Vecino
Verás, Ham, la semana pasada conocí a un vecino recién llegado al pueblo. Me dijo que ya no deseaba vivir en la ciudad, que había sido entomólogo, que ahora estaba retirado y que, en adelante, dedicaría su tiempo a la mirmecología. Al ver un gesto de extrañeza en mi cara aclaró que observar el comportamiento de las hormigas iba a ser su principal ocupación. Me explicó que estaba confeccionando un plano en el que señalaba las distintas colonias de hormigas que descubría por la zona. Es un trabajo de campo al que llamo la ruta de los hormigueros, añadió. Así me obligo a caminar diariamente varios kilómetros, pues los hormigueros que visito suelen estar dispersos y alejados entre sí. Hay nidos de hormigas en el valle, en la montaña, en las cunetas de senderos y caminos, en las riberas de los riachuelos, en las choperas y alamedas, y hasta en las tierras labradas. Creo que he dado con lo que estaba buscando, con un hormiguero de una especie invasora, me anunció.
El vecino vive en una casa cercana a la mía. A tiro de piedra, se dice por aquí. En realidad, como el pueblo es pequeño, casi no hay distancias. La casa, antigua y rehabilitada, es de planta baja y con el tejado a dos aguas. Tiene anejo, por la parte de atrás, un terreno estrecho y largo, cercado con un seto de arbustos espinosos. Cuando localizo un nuevo hormiguero, le asigno un nombre y apunto su ubicación en el plano, concluyó.
El vecino vive en una casa cercana a la mía. A tiro de piedra, se dice por aquí. En realidad, como el pueblo es pequeño, casi no hay distancias. La casa, antigua y rehabilitada, es de planta baja y con el tejado a dos aguas. Tiene anejo, por la parte de atrás, un terreno estrecho y largo, cercado con un seto de arbustos espinosos. Cuando localizo un nuevo hormiguero, le asigno un nombre y apunto su ubicación en el plano, concluyó.
lunes, 17 de febrero de 2014
De la ciudad al campo
Ya ves, Ham, mi pequeña mascota, llevamos cerca de un año viviendo en esta casita de pueblo. He cambiado, no sé por cuánto tiempo, la ciudad por el campo. Se puede decir que ya no soy de asfalto.
Hoy he revisado los textos de la carpeta donde guardo los folios impresos de los tres primeros capítulos del libro que estoy escribiendo, y que tengo que entregar a mi agente dentro de unos meses.También acabo de ordenar el material que almaceno en el disco duro del ordenador.
Veo fotos, algunas hechas con la cámara del móvil, de pancartas de manifestaciones y concentraciones, y de pintadas en las paredes de algunos edificios de la ciudad. Te leo, por ejemplo, esta: No hay bastante fuego para quemarnos a todas. Fdo. Las brujas.
Hoy he revisado los textos de la carpeta donde guardo los folios impresos de los tres primeros capítulos del libro que estoy escribiendo, y que tengo que entregar a mi agente dentro de unos meses.También acabo de ordenar el material que almaceno en el disco duro del ordenador.
Veo fotos, algunas hechas con la cámara del móvil, de pancartas de manifestaciones y concentraciones, y de pintadas en las paredes de algunos edificios de la ciudad. Te leo, por ejemplo, esta: No hay bastante fuego para quemarnos a todas. Fdo. Las brujas.
martes, 11 de febrero de 2014
El letrero
La casa donde vivo es pequeña; una cabaña. Pero, como tiene las paredes muy gruesas, resulta fresca en verano. Cuando llega el invierno pulso el interruptor del hilo radiante y las acogedoras estancias se caldean enseguida. En el pueblo, a este sistema calefactor de hilo radiante lo llaman gloria. Los vecinos me dicen: Enciende la gloria para no pasar frío en invierno.
Yo vivo a gusto aquí. A veces me viene a la mente aquella recomendación llamada elogio de la lentitud que, hace años, estuvo en boga entre los amantes de la autoayuda.
Si observo a Ham, veo que se lo pasa bien. Tiene todo el cuarto donde trabajo para corretear. No se cansa de ir de acá para allá. Siempre corre pegado a la pared. Nunca cruza el cuarto de lado a lado.
Tres días a la semana tengo por costumbre andar unos seis kilómetros a paso ligero. En ocasiones, cuando llega la primavera, dejo los caminos de tierra y corro por los senderos verdes que bordean la zona de los humedales. Entonces me detengo y arranco matas de berros para llevarle a Ham. Una vez en casa, corto los tallos, desecho las raíces, lavo las hojas con abundante agua y espero a que escurran. Luego se las pongo a mi mascota en el cuenco de comida. El pequeño hámster da buena cuenta de las hojas de los berros. No mete nada en el buche, en los abazones. Algo que sí hace cuando le echo en el comedero granos de trigo y pepitas de girasol.
Ayer clavé por dentro, en la madera de la puerta de entrada a la cabaña, un letrero que dice:
No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
Yo vivo a gusto aquí. A veces me viene a la mente aquella recomendación llamada elogio de la lentitud que, hace años, estuvo en boga entre los amantes de la autoayuda.
Si observo a Ham, veo que se lo pasa bien. Tiene todo el cuarto donde trabajo para corretear. No se cansa de ir de acá para allá. Siempre corre pegado a la pared. Nunca cruza el cuarto de lado a lado.
Tres días a la semana tengo por costumbre andar unos seis kilómetros a paso ligero. En ocasiones, cuando llega la primavera, dejo los caminos de tierra y corro por los senderos verdes que bordean la zona de los humedales. Entonces me detengo y arranco matas de berros para llevarle a Ham. Una vez en casa, corto los tallos, desecho las raíces, lavo las hojas con abundante agua y espero a que escurran. Luego se las pongo a mi mascota en el cuenco de comida. El pequeño hámster da buena cuenta de las hojas de los berros. No mete nada en el buche, en los abazones. Algo que sí hace cuando le echo en el comedero granos de trigo y pepitas de girasol.
Ayer clavé por dentro, en la madera de la puerta de entrada a la cabaña, un letrero que dice:
No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas.
(Lorca, Poeta en Nueva York, Ciudad sin sueño, Nocturno del Brooklyn Bridge)
(Lorca, Poeta en Nueva York, Ciudad sin sueño, Nocturno del Brooklyn Bridge)
jueves, 6 de febrero de 2014
Lo que va de ayer a hoy
Hace tiempo que me despedí de la agencia de detectives. Firmé el finiquito y todos conformes. Con la indemnización que me dieron, y el añadido de los ahorros que tenía en el banco, compré una casita situada en las afueras de un pequeño pueblo del norte.
Así que ya no trabajo en la ciudad, ni investigo o resuelvo caso alguno. Estoy retirada.
Pero no paro de realizar tareas en todo el día. Unas son rutinarias, mientras que otras tienen mayor importancia y me exigen más dedicación. Por ejemplo, ahora empleo gran parte de mi tiempo en ordenar y clasificar todo el material, textos y fotos, de las carpetas que traje conmigo. Y todo porque mi mejor amiga, que es agente literaria, consiguió para mí un importante contrato de edición. Dentro de seis meses debo entregarle el original de una obra para publicarla, me dice, en los formatos papel y electrónico.
El contrato también especifica que debo escribir al menos una entrada al mes en mi blog.
En este momento estoy viendo cómo corretea Ham, después de haberse comido las hojas de trébol fresco que le traje ayer de un prado cercano. Ahora se detiene, levanta las patitas delanteras y se apoya en mi mano. Entonces, le digo: Eres mi mascota de compañía..., mi hámster dorado... En adelante tendré más tiempo para cuidarte.
Pero, antes de que terminara la última frase, Ham dio un salto y se alejó a toda carrera para ocultarse en su casa de algodón.
¡No te duermas, Ham!
¡No os durmáis, amigos!
Así que ya no trabajo en la ciudad, ni investigo o resuelvo caso alguno. Estoy retirada.
Pero no paro de realizar tareas en todo el día. Unas son rutinarias, mientras que otras tienen mayor importancia y me exigen más dedicación. Por ejemplo, ahora empleo gran parte de mi tiempo en ordenar y clasificar todo el material, textos y fotos, de las carpetas que traje conmigo. Y todo porque mi mejor amiga, que es agente literaria, consiguió para mí un importante contrato de edición. Dentro de seis meses debo entregarle el original de una obra para publicarla, me dice, en los formatos papel y electrónico.
El contrato también especifica que debo escribir al menos una entrada al mes en mi blog.
En este momento estoy viendo cómo corretea Ham, después de haberse comido las hojas de trébol fresco que le traje ayer de un prado cercano. Ahora se detiene, levanta las patitas delanteras y se apoya en mi mano. Entonces, le digo: Eres mi mascota de compañía..., mi hámster dorado... En adelante tendré más tiempo para cuidarte.
Pero, antes de que terminara la última frase, Ham dio un salto y se alejó a toda carrera para ocultarse en su casa de algodón.
¡No te duermas, Ham!
¡No os durmáis, amigos!
miércoles, 22 de enero de 2014
No todo lo dicho está hecho
Es muy conocida, y socorrida, la vieja máxima "no hay nada nuevo bajo el Sol". Y, en ocasiones, quizá sea cierta cuando se repara en lo repetitivo del comportamiento humano a través de los siglos, o cuando se hace referencia a lo hablado, a lo escuchado, a lo escrito, a lo leído...
Pero si se adopta un enfoque pragmático, positivista, al fijarse en las circunstancias cambiantes de la vida de cada persona, es fácil comprobar que esa antigua expresión, "no hay nada nuevo bajo el Sol", choca de continuo con la realidad. Por tanto se puede concluir que no todo lo dicho está hecho.
No te duermas Ham, mi pequeño hámster dorado. ¡No os durmáis, amigos!
Pero si se adopta un enfoque pragmático, positivista, al fijarse en las circunstancias cambiantes de la vida de cada persona, es fácil comprobar que esa antigua expresión, "no hay nada nuevo bajo el Sol", choca de continuo con la realidad. Por tanto se puede concluir que no todo lo dicho está hecho.
No te duermas Ham, mi pequeño hámster dorado. ¡No os durmáis, amigos!
lunes, 13 de enero de 2014
Gobernanza
Los gobernantes mediocres y de escaso talento ignoran la Gobernanza, y todo lo que ello implica para los ciudadanos.
Diccionario de la RAE. Definición de Gobernanza: Arte o manera de gobernar que se propone como objetivo el logro de un desarrollo económico, social e institucional duradero, promoviendo un sano equilibrio entre el Estado, la sociedad civil y el mercado de la economía.
No te duermas Ham, mi pequeño hámster dorado. No os durmáis, amigos.
Diccionario de la RAE. Definición de Gobernanza: Arte o manera de gobernar que se propone como objetivo el logro de un desarrollo económico, social e institucional duradero, promoviendo un sano equilibrio entre el Estado, la sociedad civil y el mercado de la economía.
No te duermas Ham, mi pequeño hámster dorado. No os durmáis, amigos.
viernes, 10 de enero de 2014
De cara a la galería
Si Adler tuviera razón entonces los humanos estaríamos a merced de los desaprensivos poderosos que exigen sumisión y bajar la cabeza a los súbditos o vasallos que, de cara a la galería, ellos llaman ciudadanos. Sí. Como en el Medievo. Hoy en día los señores feudales son aquellos gobernantes vencedores que ponen en práctica su deseo de dominio. Y todo ello, si nos basamos en las investigaciones de Adler, porque tienen un complejo de inferioridad y actúan con picardía o vileza para ocultarlo.
No te duermas Ham, mi pequeño hámster. No os durmáis, amigos.
No te duermas Ham, mi pequeño hámster. No os durmáis, amigos.
jueves, 9 de enero de 2014
Ham duerme
Es mediodía. Ham, el vivaracho hámster que, desde hace tres semanas, está conmigo en este refugio, saca su pequeño hocico por un agujero de su casita de algodón y huele el aire.
Hace horas que escribo y tacho. Que tacho y escribo. Hago un alto en el camino para pensar. Dice un filósofo italiano que el excesivo utilitarismo de nuestra sociedad, de nuestro mundo global, está horadando los cimientos de la dignidad humana. En estos tiempos, los hombres y las mujeres (con la excepción de los ricos mercaderes, de los reyes y príncipes y de los poderosos gobernantes) son objetos que pueden comprarse y venderse. Los especuladores de los humanos, religiosos o laicos, ordenan y mandan, legislan y ejecutan las leyes. Y todo por qué. Verás, Ham, mi pequeña mascota, todo por lo que ya dijo Adler (aquel discípulo del descubridor del subconsciente que terminó rechazando las ideas de su maestro Freud sobre la libido). En conclusión, ¿todo por qué?: por el deseo de poder. Y, claro está, por todo lo que ello implica: impunidad, chulería, egotismo, ausencia de compasión...
No te duermas Ham, mi pequeño hámster. No os durmáis, amigos.
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