Hace horas que escribo y tacho. Que tacho y escribo. Hago un alto en el camino para pensar. Dice un filósofo italiano que el excesivo utilitarismo de nuestra sociedad, de nuestro mundo global, está horadando los cimientos de la dignidad humana. En estos tiempos, los hombres y las mujeres (con la excepción de los ricos mercaderes, de los reyes y príncipes y de los poderosos gobernantes) son objetos que pueden comprarse y venderse. Los especuladores de los humanos, religiosos o laicos, ordenan y mandan, legislan y ejecutan las leyes. Y todo por qué. Verás, Ham, mi pequeña mascota, todo por lo que ya dijo Adler (aquel discípulo del descubridor del subconsciente que terminó rechazando las ideas de su maestro Freud sobre la libido). En conclusión, ¿todo por qué?: por el deseo de poder. Y, claro está, por todo lo que ello implica: impunidad, chulería, egotismo, ausencia de compasión...
No te duermas Ham, mi pequeño hámster. No os durmáis, amigos.

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