Acabo de instalarme en una casita de aldea. Entre el mar y las montañas. Lejos de la gran ciudad. Es una vieja cabaña de piedra rehabilitada y restaurada. Traje conmigo unos pocos enseres, "Ligero de equipaje" (como diría aquel gran poeta querido y enamorado). Ham, mi hámster dorado, me hace compañía. En este momento duerme, medio oculto entre algodones.
En la parte de atrás de la casita de piedra hay un pequeño jardín muy cuidado. Es primavera. Los rosales florecidos perfuman el aire.
Una abeja solitaria hurga entre los pétalos de una rosa amarilla. Se afana libando el dulce néctar. Quietud y sosiego alrededor.


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