
Hoy tengo algo que contarte. Hay noticias, Ham. Noticias de las trompetas y los añafiles de plata. Ayer vino a la Agencia el representante del gremio de los orfebres. Traía consigo una abultada cartera repleta de documentos y los fue sacando uno por uno, a la vez que explicaba su contenido. Luego señaló las marcas con tinta roja hechas a mano en un mapa que, nos dijo, indicaban los posibles lugares que podían albergar los talleres donde los orfebres renegados trabajaban en secreto y sin descanso para culminar la fabricación de siete trompetas y siete añafiles de plata que, resonando al unísono, producirían los sonidos anunciadores del fin del mundo.
Pero aquel mapa era muy antiguo, y no recogía los cambios realizados a lo largo del tiempo en la ciudad. Las nuevas construcciones, urbanizaciones y trazados perimetrales del extrarradio habían transformado el paisaje de las afueras. No resultaría fácil descubrir esos lugares. Aseguró, también, que las siete trompetas y los siete añafiles de plata tenían que sonar no sólo al unísono sino también desde lo alto de una montaña.
Todo cuanto nos dijo el representante de los orfebres me pareció extraño. Pero contrató nuestros servicios para que buscáramos y encontráramos esos lugares. El jefe me encargó la misión y, como siempre, dejó todo en mis manos. Así que aquí estoy con los documentos y el mapa. La verdad es que no sé por dónde empezar. Ham, mi hámster dorado, ratoncillo de compañía, ¿sabes tú, por ventura, en qué lugar de los cielos, de la tierra o de las aguas, tienen su taller los orfebres renegados que, según el responsable de su gremio, están labrando en secreto desde hace siglos las trompetas del Juicio Final? ¿Acaso habrá que buscar en los rincones escondidos de las aldeas, pueblos, villas y ciudades del mundo?
¡Ay!, Ham. Ojalá que esos orfebres renegados, como los llama el representante de su gremio, prorroguen de continuo su tarea y no acaben nunca de fabricar las siete trompetas y los siete añafiles de plata para que nunca suenen al unísono y no llegue el Fin del Mundo.
No hay que perder la esperanza. Puede que los orfebres renegados emulen la incesante actividad de Penélope con el propósito de que su trabajo, sin duda realizado con arte, se troque en interminable quehacer.
(To be continued)
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