Hace unos minutos que te observo, Ham,y veo que sigues con tu sesión de lavado y acicalado. Como si te prepararas para recibir la anunciada visita de algún pariente rico que viene para nombrarte su heredero.
Sí, sí, ya sé que eres un hámster dorado y que, por naturaleza, prefieres estar solo y vivir a tu aire. Y que no echas en falta ni la compañía ni la herencia de tus parientes.
Pues te diré, Ham, que hoy me han asignado un nuevo caso en el trabajo. Aún no conozco los detalles de “la misión”,como llamó mi jefe a este nuevo caso. Pero, a finales de semana, el cliente que contrató los servicios de La Agencia se reunirá con nosotros para, según aseguró en un comunicado, informarnos de modo exhaustivo.
Este nuevo caso parece tan insólito como inverosímil. Verás, Ham, por lo poco que sabemos hasta ahora, al abrir sus cajas acorazadas en una comprobación rutinaria, el gremio de orfebres detectó que se había producido una merma sustancial en sus reservas de oro y platino. Acto seguido, tras encontrar otras pruebas documentales, el gremio de orfebres denunció a varios de sus socios al sospechar que estaban fabricando, en algún lugar secreto y con materiales nobles, siete trompetas y siete añafiles de plata.
Pensarás, Ham (bueno, si es que los ratoncillos como tú piensan), que esto no tiene importancia. Pero, según explicó el cliente que contrató los servicios de La Agencia, si ese grupo de “orfebres renegados” —así los llamó— llevara a cabo el plan de fabricar con materiales nobles las siete trompetas y los siete añafiles de plata ocurriría lo inevitable, una catástrofe. Sí, porque tal y como está escrito en los libros robados al gremio de orfebres, cuando esto suceda, es decir, cuando se culmine la fabricación, con materiales nobles, de siete trompetas y siete añafiles de plata, sobrevendrá el Juicio Final. En otras palabras, sentencia nuestro cliente, se acabará el Mundo.En fin, Ham, este nuevo caso aún no ha empezado, pero ya te contaré cómo termina.
(To be continued)

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