martes, 6 de septiembre de 2022

Derribo


Quiero comprar un cuadro bonito y valioso. ¿Qué me aconseja usted?”, le pregunta el nuevo cliente rico a su también nuevo decorador o diseñador de interiores.

Con un cuadro se convive”, responde de manera escueta el decorador.

En verdad es una respuesta acertada. Quien convive con un cuadro nunca se desprenderá de él.

El propio Goya ilustró esa verdad cuando, en la pared de una sala de su casa de Madrid, pintó el mural que muestra una escena sin adornos pero enigmática: un perro que mira hacia arriba y al que sólo se le ve la cabeza.                                                                                               


Goya. Perro semihundido. Museo del Prado. Madrid


Hace ya más de cien años que derribaron la casa de Goya. Arrancaron la pintura mural de la pared (aunque por fortuna la traspasaron a un lienzo gracias a que el artista había empleado la técnica del óleo para realizarla), la catalogaron como una de sus pinturas negras y le pusieron un nombre, “El perro semihundido”.  

   Así se cumplió la aserción que el artista dejó escrita en otra de sus pinturas negras: “El sueño de la razón produce monstruos”.


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