Un pajarillo corre por la senda de asfalto de una avenida
arbolada de la gran ciudad.
Es un pequeño gorrión desorientado que aún no sabe
volar.
Se dirige dando saltitos hacia el cercano y suave terraplén
cubierto de verde yedra.
Dos paseantes ayudan al pajarillo.
Esperan y observan. No quieren que se asuste.
Un chico joven, ajeno a cuanto le rodea, camina ligero y ensimismado
mirando su móvil.
De repente…, ¡crac! Se oye un sonido seco y fatídico.
El muchacho acaba de pisar involuntariamente al pequeño
gorrión.
Le ha aplastado la cabeza.
¡Oooooh…! ¡Aaaah…! Gritan los paseantes.
Nada pueden hacer.
Verás, Ham, la DP (divina providencia, destino, azar, casualidad, suerte, fortuna... ) suele actuar por su cuenta, esto es, sin preguntar a los afectados ni consultar con nadie.

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