Ham rebulle dentro de su casita de algodón. Pero no sale, como es su costumbre, a corretear por la sala. Algo que siempre hace pegado a la pared. Es un ratoncillo muy listo.
Yo acabo de pegar un folio en la parte interior de la puerta. Lleva escrito un verso de un poeta que conozco desde hace tiempo:
En
un amplio, hermoso y diáfano despacho,
de
paredes forradas en madera noble,
y
amueblado con exquisito gusto,
se
halla sentado, tras su mesa de roble,
un
caballero distinguido y joven.
Estudia
una gráfica estadística,
que
acaba de traerle un colaborador.
Se
le nota concentrado en su trabajo
y,
de cuando en cuando, resoplidos
salen
de su boca.
A
veces se levanta y da dos vueltas al despacho,
siempre
en el mismo sentido que gira la tierra,
como
si de un extraño rito se tratara.
Pertenece
a una clase de gente privilegiada:
"ejecutivos",
los llaman.
Es
una persona culta
que
cuida mucho sus buenas maneras.
Habla
varias lenguas modernas
y,
con frecuencia, viaja por muchos países.
Se
relaciona con gente importante e influyente
y
se considera ciudadano del mundo.
Mas,
el exquisito y culto "ejecutivo",
tan
a gusto como aquí
—en
este despacho forrado de madera noble
y
sobre su mesa de roble refirmado—,
no
se siente en parte alguna,
puesto
que, oculta tras la rejilla,
en
un falso techo colocada,
esconde
nuestro hombre
una
hermosa caracola.
Cuando,
abrumado, no puede más,
acerca
a su oído la caracola
con
delicadeza y suavidad,
y,
ensimismado, escucha el ruido del mar…
…entonces,
ya se queda en paz.
(To be continued)

No hay comentarios:
Publicar un comentario