viernes, 21 de marzo de 2014

Vecino

Verás, Ham, la semana pasada conocí a un vecino recién llegado al pueblo. Me dijo que ya no deseaba vivir en la ciudad, que había sido entomólogo, que ahora estaba retirado y que, en adelante, dedicaría su tiempo a la mirmecología. Al ver un gesto de extrañeza en mi cara aclaró que observar el comportamiento de las hormigas iba a ser su principal ocupación. Me explicó que estaba confeccionando un plano en el que señalaba las distintas colonias de hormigas que descubría por la zona. Es un trabajo de campo al que llamo la ruta de los hormigueros, añadió. Así me obligo a caminar diariamente varios kilómetros, pues los hormigueros que visito suelen estar dispersos y alejados entre sí. Hay nidos de hormigas en el valle, en la montaña, en las cunetas de senderos y caminos, en las riberas de los riachuelos, en las choperas y alamedas, y hasta en las tierras labradas. Creo que he dado con lo que estaba buscando, con un hormiguero de una especie invasora, me anunció.




El vecino vive en una casa cercana a la mía. A tiro de piedra, se dice por aquí. En realidad, como el pueblo es pequeño, casi no hay distancias. La casa, antigua y rehabilitada, es de planta baja y con el tejado a dos aguas. Tiene anejo, por la parte de atrás, un terreno estrecho y largo, cercado con un seto de arbustos espinosos. Cuando localizo un nuevo hormiguero, le asigno un nombre y apunto su ubicación en el plano, concluyó.