Por fin terminó la fallida misión que
consistía en la búsqueda del taller donde un grupo de orfebres renegados
fabricaba añafiles y trompetas de plata.
El cliente confesó que el encargo fue una
farsa. Que todo lo había inventado porque, ya desde niño, le perseguía la
obsesión de lo que él llamaba la llegada del juicio final.
El jefe acaba de asignarme una nueva tarea.
Se trata de una misión delicada que debes acometer con mayor discreción de lo
acostumbrado en nuestra Agencia, me dice, al tiempo que me entrega una carpeta
con instrucciones y documentación sobre el caso.
Así que..., Ham, pequeña mascota a la que
hablo como si fuera una persona que sabe callar y escuchar, aquí estoy
revisando el material de la carpeta y pensando en la estrategia que debo seguir
para resolver este caso.
(To be continued)
